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Buscar anclas, “qué lindo laburo” decimos, cuando nos solicitan este servicio. Tiene dos desafíos maravillosos, encontrarle el ancla a nuestro cliente y de paso encontrar objetos históricos por el camino. Así sucedió cuando vimos brillar una loza escondida en la arena y confundida entre la fauna del fondeadero del puerto de San Antonio Este.
 Foto: Enrique Morsan, Inst. Biología Marina, SAO. No recuerdo quién era mi “timonel” podría ser Néstor, Sandro, el gordo Reyes, mi amigo “torrero” Borda, hasta algún amigo de los de “allá” del puerto del Este, son tantos… Algunos eran niños, me saludan exactamente igual que ayer hoy, aún les queda aquella alegría, tenemos algo más en común hoy, somos padres. Podría ser un marinero, siempre hay momentos libres cuando el barco está amarrado. Eran otras épocas, no tan lejanas, el 11 de septiembre nos cambió la vida, en nuestro puerto hay rigor de vigilancia y control. No está mal, sólo son tiempos diferentes. Es ternura la imagen, siempre fue igual, emerjo con mi tesoro ansioso, contento. En el gomón, es siempre la misma sonrisa, quizá el mismo pensamiento, quizá el mismo movimiento de cabeza. Tengo la complicidad natural de mis amigos, ellos soportan la pausa de la búsqueda principal, el objetivo del buceo y de la navegación. Todos lo saben y comprenden, alientan mi pasión por el misterio de encontrar signos del pasado, huellas de la vida cotidiana de aquellos otros marinos, que estuvieron en el lugar exacto donde nosotros estamos. Encontrar objetos abajo del agua nos agudiza la vista, nos hace descubrir, “ en las cosas, otras cosas”. El entorno del hallazgo se convierte en el marco importante de la emoción. Siempre les hablo y de alguna manera les agradezco, por acompañar esta belleza de botella, plato, copa, herramienta, ojo de buey, entre otros elementos. La inmensa población de testigos silenciosos, que llegan a superficie cargados de información. En el fondo del mar, hay sensación de tempestad, de viento, de brisa, de tranquilidad, de luz, de oscuridad y a veces de paz. Cuando encontré esta pequeña fuentecita de loza, el sol entraba inundando un generoso horizonte de visibilidad, había un acuerdo con los dioses, una tregua con la “Ley de Murphy”. Busqué por internet hasta el cansancio pero no logré información sobre el logo que como una magnífica impronta se distingue con señorío, casi con descaro, de mis otros hallazgos. Esta fuentecita es pequeña pero pesada, característica de las “lozas de hotel” como se le decía antiguamente. * Torrero: Técnico de Hidrografía Naval especialista en mantenimiento de balizas en el mar. El Pto. de San Antonio Este tiene desde hace muchos años personal estable de la Armada Nacional, en el lugar. www.vidadebuzo.blogspot.com |