|
 Te contamos desde adentro esta travesía ciclística por la meseta rionegrina
Fecha: 8, 9 y 10 de Noviembre de 2008 Recorrido Primera etapa: Maquinchao - El Caín 90 Kilómetros Segunda etapa: El Caín – Praguaniyeu 65 Kilómetros Tercera etapa: Praguaniyeu – Los Menucos 70 Kilómetros
Provincia: Río Negro País: Argentina Salimos el sábado desde Maquinchao, lo más temprano que pudimos, las 9, teniendo en cuenta que la primera iba a ser la más larga de las tres previstas. 90 kilómetros.
El grupo estaba formado por Marta Cuevas, Héctor Sánchez, Miguel Luces, Fabián Agrello, Roberto Calvo, y yo, el guía.
Dos colaboradores nos asistirían en cada punto de arribo, “Larguirucho” Robledo y “Titi” Saluzzi.
Tomamos rumbo a la laguna Maquinchao, donde haríamos la primer parada, a unos 35 kilómetros del lugar de salida.
Allí almorzamos y tomamos fuerza para empezar a subir la cuesta rumbo a la Meseta de Somoncura (piedra que habla o que suena).  Pinchaduras El viento parecía estar de nuestro lado y por el momento se mantenía calmo, algo que comprobaríamos más tarde, por suerte.
Paramos a hidratarnos en la vertiente del campo de Apestegui, y desde allí seguimos subiendo hasta llegar a la Meseta. Allí el viento nos recibió amistosamente, soplando a favor de nuestro recorrido. Aquí los vientos provenientes del sur o el oeste suelen ser intensos, convirtiéndose en otro obstáculo a superar que se suma al terreno pedregoso y la soledad de la inmensidad patagónica.
Como dije, arriba el Curruf (viento) nos acompañaba soplando de atrás.
 Terreno duro, pero viento a favor Pedaleamos a buen ritmo el resto del recorrido, entre formaciones de roca basáltica, paisajes lunares y lagunas solitarias.
Así llegamos a la gran bajada del Bajo de El Caín. Desde allí nos quedarían los últimos 20 kilómetros del primer día.
La temperatura era agradable, unos 16 grados, así que aprovechamos a recorrer un picadero indígena. La sorpresa fue encontramos un jagüel, con ranitas de Somuncura, de color marrón oscuro y en peligro de extinción (ver ambientalismo – especies en extinción)
Continuamos siempre en bajada hasta llegar a El Caín, donde nos esperaba el Guarda Ambiental Melivilo, su familia, y el Comisionado Poblete.
Nos atendieron como acostumbran los pobladores sureños. Creo que “de diez” es la única expresión que puede definirlo.
Después de un rico asado nos fuimos a descansar en los cómodos lugares que nos tenían preparado.
 Contemplación en un descanso Día 2
El segundo día arrancamos también temprano, después del desayuno. A las 9 emprendimos la segunda etapa, también con una brisa suave de cola; día soleado, espectacular para pedalear.
Empezamos con una trepada empinada, pero sin complicaciones para el grupo. Una vez arriba divisamos cerros varios y una laguna, rodeados de caminos sin identificar; huellas por todos lados. Allí el papel del guía es fundamental, porque se termina el camino y empiezan la huella y la posibilidad de perderse.
A pesar de mi conocimiento del terreno por ser oriundo de esta zona, el GPS siempre es parte del equipo.
Seguimos la huella hasta el paraje Praguaniyeu, zona agreste, pura piedra, donde las piernas se desgastan y el material de la bicicleta demuestra su calidad.
Pasamos por el mallin (vertiente de agua que conforman un terreno pantanoso) de Jalil, la laguna Soledad, y el puesto de Benito, un buen lugar para el almuerzo, y el descanso. Todavía quedaban unos cuantos kilómetros que recorrer, rodando en piedra filosa.  El grupo Seguimos hasta Praguaniyeu, inicio de unos 10 kilómetros en bajada que te llevan al caserío de ese paraje rural.
Fue impresionante, como cada vez que llego a este hermoso lugar, verde y amigable.
Llegamos a lo de Ovidio Millanao, quien siempre nos atiende de maravilla. Nos alojamos en la comisión de fomento, cenamos, con más sueño que hambre, y nos fuimos a dormir.
Ultimo día El tercer día salimos de Praguaniyeu rumbo a Los Menucos, 70 últimos kilómetros. Un camino suave y arenoso, casi en bajada en su totalidad.
No sería un trayecto fácil, porque ese tramo también presenta tres subidas que, a esta altura del viaje, exigieron un entrenamiento adecuado.
Desde la última bajada comenzamos a ver Los Menucos, nuestra meta. Esa vista tuvo una emoción especial para los que hicieron por primera vez este viaje.
Al final del día brindamos por el excelente recorrido realizado, los momentos compartidos en estos lugares poco conocidos de nuestro país.
Silvio Manquelef – Guía de Cicloturismo |